Porque hasta el fuego con el que enciendes tu ritual puede tener una intención.
Estos no son simplemente fósforos. Son un pequeño recordatorio de la mujer que eres y de la mujer que estás construyendo.
Una mujer que no pide permiso para brillar. Que se permite cambiar, crecer y transformarse.
Que no necesita hacerse pequeña para encajar.
Que protege su fuego.
Y que, cuando la vida intenta apagarlo, vuelve a encenderlo.